El payaso salió de su remolque en plena madrugada. El maquillaje estaba endurecido entre sus arrugas y reseco sobre sus párpados. Encendió un cigarro y se quedó de espaldas al circo dormido, contemplando a lo lejos entre suspiros la oscuridad del pueblo que lo recibió esa mañana .
La domadora de leones sentía calor en su mentón, como todas las noches pesadas a la misma hora. se revolvía en su cama y enredaba sus pelos teñidos entre sus dedos sudorosos. salió de su remolque para aererar su cuerpo y vio pegado al horizonte el cuerpo fornido del payaso, fumando, grande, fumando un cigarro en la oscuridad. se le acercó por detrás y le abrazó la espalda. el payaso tiró su cigarro al suelo y lo pisó con sus pie descalzo y sucio. una vez más pasaba lo mismo en la negrura de las luces del show, afuera de los remolques en donde los elefantes y los enanos dormían, detrás de las pisadas de los niños que se fueron quizás alegres en la mañana. una vez más el payaso y la domadora de leones juntaban sus labios arrugados y risibles y se besaban sin que nadie nunca lo supiera.
Me gusto mucho este relato.
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