sábado, 17 de julio de 2010

Vale madre chupetín la cacería de algodón tibio

Coco, chocolates y café,
esta ciudad habla de cosas que no entiendo,
el agua que es lluvia viene del agujero de otro cielo,
un cielo que ya es completamente mío, aunque no l haya chusmeado por completo,
el agodón que se empapa de manos,
la lluvia que rompe con aplausos,
el alba que rompe con alientos
y la sombra rota rota de los sueños;
te tiré, te tiré tres veces cuando fumé,
en las cenizas te tiré y me alegré,
por lo que supe de los árboles, los faros,
las cornisas, por la blancura fulminante.
Techo, techo alto,
híbamos a cazar nubes con sábanas al techo y vlvíamos con nada,
el vapor se escapa entre las redes,
igual que aquel domingo en la azotea
en que las estrellas se sumergían
a lo largo de las venas,
con un sombrero que tegías
en mucha pena;
hablo de países que n existen
y camino descalzo por las calles,
me caigo en un pozo profundo como la mirada,
salgo y me desespero completamente satisfecho,
las islas de este mar se nos caen encima
y ya no tenemos sábanas que las cntegan,
sólo estas ansias que nada contienes,
sólo este silencio que nos mata,
y aunque calva tu cabeza, ya se está terminando.

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