La carretera se inunda de presagios
y las olas de ese mar nunca regresan,
se quedan para siempre, espuma inamovible;
los cadáveres regados a los largo del camino
ya están podridos,
y cada mosca que zumba a su alrededor
resuena en todos los rincones del tiempo.
El tiempo no es sino palabras
que nos guían a este lugar
antiguamente bautizado
"destino".
Es aquí en que mi Nada se innaugura,
en que mis pasos quietos encuentran vida,
muerte, persecución
y algarabía del todo.
¿qué nos queda si no este todo/nada que nos justifica
si no esta absurda muerte que nos engendra?
queda el calor, la lluvia con sol
y su blasfemo caer hasta el asfalto
como un dios que arde en la garganta,
que quiebra nuestras sombras,
que hace caer nuestro imperios
con el silencio que jamás escucharemos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario