miércoles, 28 de julio de 2010

a ver acá viene uno reciclado que no tiene nombre pero podría ser algo que tenga que ver con alguien parado en la orilla del mar pensando en cosas que le surgen cuando está parado en la orilla del mar.



Quiero encontrar el foco de luz de las cosas,
el agujerito por donde sale el chorro instantáneo de color.
Miro los espirales de los dedos del mundo,
busco las huellas de las sustancias que dejan sentir dolor
o el terciopelo de un soplido en el cuerpo.

Silbo viento transparente
en mi intento
por ser alguna vez Dios.

Dios es transparente,
es de todos los colores que quiera el mundo tener bajo el sol sin fin,
cuando quema,
cuando se transforma en resolana
o cuando no es.

No quiero preocupar a los colibríes,
ellos siguen palpitando en el centro de una constelación de miel
y son tan hermosos
y son tan ajenos que prefiero sólo delinearlos de frescura.

Tampoco quiero que las tormentas se alteren en su transcurso
cuando yo les cuente de su condición perpetua,
condenadas a precipitar sobre el contenido del mundo.
No se alteren.
Auunque puede ser que nunca lo sepan
porque no pueden escuchar lo alguien como yo tiene para decirles
porque son espasmos musicales del universo
porque son demasiado sonido como para enterarse de los susurros de las lenguas rosas.

Pero sí quiero que el mar,
banidosamente de cristal blando,
siga siendo el movimiento;
que encierre aves nadadoras hasta que a nadie le importe;
que siga sereno en sus pies y su andar,
caótico en su entraña azabache.

acá estoy,
con los pies disfrazados de arena
levanto espuma salada hacia el cielo
y devuelvo palabras encerradas en el tiempo.

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